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Antoni Tàpies. Los lugares del arte

El rasgo principal de la exposición con la cual la Fundació reabre sus puertas tras la reforma arquitectónica es el hecho de que rebasa dis­ ciplinas, épocas y geografías. Se despliega en diferentes lugares de la Fundació, y abarca la complejidad y la pluralidad de intereses de la obra de Antoni Tàpies, desde una selección de su obra pictó­ rica de los últimos veinte años, con algunos contrapuntos de obras más remotas que constituyen su germen, hasta un fragmento de lo que Tàpies denominó su “manifiesto “y su “museo”, que correspon­ de al entorno espiritual y artístico de “ tres mil años de amistad”, a la larga búsqueda de unos valores que van más allá de la estética.

 

En primer lugar

En el subsuelo de la Fundació se muestra una selección de obras que van desde el arte egipcio antiguo hasta el arte moderno occidental, desde objetos rituales hasta libros científicos. Estas obras no sólo constituyen el hábitat del artista, sino que están vinculadas a su forma de concebir el arte, y suponen una interrogación heterodoxa sobre sus orígenes, historia y significado.

 

En segundo lugar

La exposición de obras de Antoni Tàpies se basa sobre todo en una selección de las piezas que ha creado en los últimos veinte años, unas piezas que se abren camino desde su luz interior y desde la memoria del gesto: una trayectoria de más de sesenta y cinco años de trabajo ininterrumpido que le han permitido, en la madurez, seguir creando unas imágenes poderosas y todavía imbuidas por la magia, la expresividad y la rebeldía. Aun así, la exposición se inicia con una obra del verano de 1945, con el aprendiz de pintor que se cuestiona la función social del arte y las motivaciones del artista, y que se plantea todo tipo de dudas existenciales (un cuestionamiento que se convertirá, con el paso de los años, en la piedra de toque de una producción artística extensa y dilatada en el tiempo).